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viernes, 20 de septiembre de 2013

Resumen de Noticias G.A.B.I.E


Posted: 18 Sep 2013 05:00 PM PDT
Los datos recopilados por las diversas sondas y rovers que el hombre ha enviado a Marte demuestran sin lugar a dudas que en un pasado lejano parte de la superficie del planeta rojo estuvo cubierta de agua. Sin embargo, los científicos no han logrado ponerse de acuerdo en su procedencia. Al menos hasta ahora.

Mientras que una serie de investigadores defendía que el agua del subsuelo, otros estudiosos sostenían que caía en forma de lluvia o nieve. Una teoría que parece cobrar mayor verosimilitud gracias a los reveladores datos aportados por un nuevo estudio cuyas conclusiones recoge el blog «Noticias de la ciencia y la tecnología».

Este estudio, desarrollado por un equipo de investigadores de las universidades Brown, en Providence (Rhode Island), y de Chicago, junto al Instituto Pierre Simon Laplace de París, llegó a la conclusión de que al menos cuatro valles localizados en cuatro lugares diferentes de Marte son el resultado de la erosión producida por las escorrentías derivadas de la precipitación de agua procedente del deshielo de la nieve.

Para formular esta teoría, los científicos emplearon un modelo que simula el movimiento del viento en la superficie marciana a partir de la combinación de gases que se cree formaban la primitiva atmósfera marciana. A continuación, desarrollaron un modelo de precipitaciones que, teniendo en cuenta la información sobre los vientos, indicó en que puntos del planeta las precipitaciones habrían sido más probables.

El resultado que obtuvieron indicó que las precipitaciones debieron de ser mayores precisamente en las cabeceras de las redes más densas de valles, lo que concuerda con el escenario de la escorrentía de agua proveniente de precipitaciones.

Este nuevo hallazgo, además de ayudar a esclarecer otros aspectos sobre el clima y la atmósfera de Marte, muestra que las similitudes entre ambos planetas son mayores de lo que aparentan, ya que en el pasado esos paisajes marcianos debieron de ser muy parecidos a los glaciares y valles alpinos que podemos disfrutar en la Tierra en la actualidad. Lástima que en Marte ya no sea posible esquiar.



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Posted: 18 Sep 2013 11:00 AM PDT
La NASA anunció a finales de 2012 que enviaría un nuevo rover a Marte en 2020. Desde entonces un equipo de expertos, científicos e ingenieros, han estado trabajando en este nuevo proyecto que va tomando forma. La agencia espacial estadounidense ya ha informado de que este vehículo aprovechará todo lo aprendido con sus predecesores y, por ello, será más barato. Además, su principal fin será buscar signos de vida en el planeta rojo.

La decisión de continuar las expediciones a Marte se debe "al gran éxito obtenido con Curiosity", según ha explicado la NASA. De este rover, los científicos quieren coger su estructura y su sistema de aterrizaje, por lo que se abaratarán los costes. En el documento de la misión, los expertos apuntaron que esta misión podría costar unos 1.500 millones de dólares, frente a los 2.500 que costó Curiosity.

Eso sí, la meta del vehículo será distinta a la de los anteriores que pisaron el suelo marciano. Las diferentes misiones que están en tierra y los datos obtenidos por orbitadores confirmaron la historia acuosa del planeta rojo, por eso los científicos creen que "el paso lógico" es que el nuevo rover busque de signos de vida.

Para ello, se usarían instrumentos para el análisis visual, mineralógico y químico a escala microscópica, que permitan comprender el entorno alrededor de su lugar de aterrizaje. También identificará firmas biológicas o las características de las rocas y el suelo, que podrían haber sido formadas biológicamente.

MUESTRAS DESDE MARTE A LA TIERRA

Además, el nuevo vehículo de la NASA utilizará un nuevo sistema de recogida de muestras que permitirá traerlas a la Tierra, en una misión posterior, bien conservadas.

Todos estos objetivos se recogen en un documento, de 154 páginas, preparado por el Equipo de Definición Científica 'Marte 2020' que la NASA nombró en enero para delinear objetivos científicos de la misión. El equipo, compuesto por 19 científicos e ingenieros de universidades y centros de investigación, ha propuesto un concepto de investigación que podría lograr varios objetivos de alta prioridad y convertirse en un paso importante para cumplir el desafío del presidente Barack Obama de enviar seres humanos a Marte en la década de 2030.

"Será un hito crucial en la preparación para la próxima gran misión a Marte", ha explicado el administrador de la NASA John Grunsfeld, quien ha señalado que las muestras recogidas y analizadas ayudarán a informar las futuras misiones de exploración tripuladas a Marte.

AYUDA PARA FUTURAS MISIONES TRIPULADAS

El rover podría hacer mediciones y demostraciones de tecnología para ayudar a los diseñadores de una expedición humana a comprender los riesgos que plantea el polvo marciano y demuestran cómo recoger el dióxido de carbono, lo que podría ser un recurso para la fabricación de combustible de oxígeno y cohetes.

La intención es, también, mejorar de la tecnología de aterrizaje de precisión, que mejora el valor científico de las misiones robóticas y que será fundamental para la eventual exploración humana en la superficie.

La misión 'Marte 2020' surgió después de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, redujera los presupuestos destinados a la exploración de Marte de la NASA. "De modo que seremos capaces de llevar este proyecto a cabo bajo el escenario del presupuesto actual", ha explicado la agencia espacial internacional.

LA ESA TAMBIÉN MIRA A MARTE

Unos años antes de que el rover de Marte pise el planeta rojo, lo hará la misión ExoMars de la Agencia Espacial Europea (ESA), en colaboración con la agencia espacial rusa Roscosmos, que ya se encuentra en la última fase de construcción con la firma de un contrato con Thales Alenia Space.

El principal objetivo de ExoMars también es confirmar si ha existido vida en Marte y, además, desarrollar nuevas capacidades técnicas europeas en el aterrizaje, la perforación y la preparación de muestras.

Se trata de una misión con dos fases. Se espera que la primera se ponga en marcha en el año 2016, e incluirá el Orbitador de gases traza (TGO) para buscar evidencia de metano y otros gases atmosféricos que podrían ser signos de procesos biológicos o geológicos activos. También se entregará el módulo Demostrador de entrada, descenso y aterrizaje (EDM) a la superficie de Marte.

La segunda fase se estima que estará lista para 2018. En esta ocasión, aterrizará un Rover en Marte. Será el primer vehículo con capacidad de perforación a profundidades de 2 metros para recoger muestras que han sido protegidas de las condiciones duras en la superficie, donde la radiación y oxidantes pueden destruir materiales orgánicos.



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Posted: 18 Sep 2013 05:00 AM PDT
Dos equipos de astrónomos han utilizado los datos obtenidos con los telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) para crear el mejor mapa tridimensional realizado hasta el momento de las zonas centrales de la Vía Láctea cuyas regiones interiores, desde algunos ángulos, parece tener forma de cacahuete o de X.

Según informa ESO, esta extraña forma se mapeó utilizando datos públicos del telescopio de sondeo VISTA del observatorio, junto con medidas del movimiento de cientos de estrellas muy débiles pertenecientes al bulbo central.

El observatorio precisa que una de las zonas más importantes y común de la galaxia es el bulbo galáctico, una enorme nube central de unos 10.000 millones de estrellas que se extiende miles de años luz, pero de la que aún no se comprende muy bien ni su estructura ni su origen.

Además, debido a la situación de la Vía Láctea en el disco galáctico, la visión de esta región central --que se encuentra a unos 27.000 años luz de distancia-- se oscurece bastante por las densas nubes de gas y polvo, por lo que los astrónomos sólo pueden obtener una visión útil del bulbo observando en longitudes de onda mayores, como la radiación infrarroja, que puede penetrar en las nubes de polvo.

Observaciones anteriores llevadas a cabo por el sondeo infrarrojo 2MASS ya habían ofrecido pistas sobre el hecho de que el bulbo tenía "una misteriosa estructura" en forma de X o cacahuete. Ahora, dos equipos de científicos han utilizado nuevas observaciones de varios telescopios de ESO para obtener una visión mucho más clara de la estructura del bulbo central.

El primer equipo, del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE) en Garching (Alemania), utilizó el sondeo en el infrarrojo cercano VVV del Telescopio VISTA, en el Observatorio Paranal de ESO en Chile. Este nuevo sondeo público puede captar estrellas 30 veces más débiles que las captadas por sondeos anteriores del bulbo.

Así, el equipo identificó un total de 22 millones de estrellas pertenecientes a un tipo de estrellas rojas gigantes cuyas propiedades, bien conocidas, permiten calcular sus distancias con mayor precisión.

"La profundidad del catálogo de estrellas de VISTA supera con creces los trabajos anteriores y ahora permite detectar toda la población de este tipo de estrellas en todas las zonas del bulbo, salvo en las más oscurecidas", según ha explicado Christopher Wegg (MPE), autor principal del primer estudio.

"A partir de esta distribución estelar, se puede hacer un mapa tridimensional del bulbo galáctico. Es la primera vez que se ha llevado a cabo un mapa de este tipo sin asumir un modelo para la forma del bulbo", ha indicado.

Por su parte, Ortwin Gerhard, coautor del primer artículo y jefe del Grupo de Dinámicas en el MPE, ha añadido que "la zona interior de la galaxia tiene forma de cáscara de cacahuete si se mira desde un lado, y si se observa desde arriba tendría una forma de barra muy alargada".

"Es la primera vez que se ve esto con tanta claridad en la propia Vía Láctea, y tanto las simulaciones de nuestro grupo como las de otros equipos de investigación muestran que esta forma es característica de una galaxia barrada que comenzó siendo tan solo un disco de estrellas", ha explicado.

Mientras, el segundo equipo internacional, encabezado por el estudiante de doctorado chileno Sergio Vásquez adoptó un enfoque diferente a la hora de definir la estructura del bulbo. Así, comparando imágenes obtenidas con once años de diferencia por el telescopio MPG/ESO de 2,2 metros pudieron medir los pequeños desplazamientos provocados por el movimiento de las estrella del bulbo en el cielo.

Esta información se combinó con las medidas del movimiento de las mismas estrellas acercándose o alejándose de la Tierra con el fin de calcular los movimientos de más de 400 estrellas en tres dimensiones.

"Es la primera vez que se obtiene un número tan grande de velocidades en tres dimensiones para estrellas individuales de ambos lados del bulbo", ha asegurado Vásquez. "Las estrellas observadas parecen estar moviéndose a lo largo de los brazos del bulbo en forma de X, ya que sus órbitas van de arriba a abajo y fuera del plano de la Vía Láctea. ¡Todo encaja perfectamente con las predicciones de los últimos modelos!", ha exclamado.

Los astrónomos creen que, originalmente, hace miles de millones de años, la Vía Láctea era tan sólo un disco de estrellas que formó una barra plana. Después, la parte interior se colapsó, generando esa forma tridimensional en forma de cacahuete descubierta en las nuevas observaciones.



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