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miércoles, 3 de agosto de 2016

EXCELENTE VELADA DE OBSERVACIONES...

Como otras veces, tomé mi telescopio Antares,y vi...Saturno y Marte. Muy buenos!...A gran altura sobre el horizonte Oeste.
¡Qué buena jornada!. Faltó el café, pero la pasé bomba,mas de una hora.
¡Buenos y despejados cielos para todos! 


Ecos de Un Mundo Estrellado 39 2016

Ecos de Un Mundo Estrellado 44 2016

Resumen de Noticias G.A.B.I.E


Posted: 02 Aug 2016 09:38 AM PDT
En un Universo tan enorme como el nuestro, no es de extrañar que los científicos vayan de sorpresa en sorpresa. Y la última (por ahora) se la acaba de llevar un equipo de astrónomos de los observatorios de la Institución Carnegie para la Ciencia al descubrir que una galaxia que ellos consideraban de lo más corriente es, en realidad, una de las más extrañas y enormes jamás observadas hasta el momento.

Su nombre es UGC 1382 y tiene un diámetro, ni más ni menos, que de 718.000 años luz, más de siete veces el de la Vía Láctea, la galaxia en la que nosotros vivimos, y más de diez veces el tamaño que se le había atribuido hasta ahora. Pero lo más extraño no son sus enormes dimensiones, sino su estructura. De hecho, mientras que las demás galaxias tienen sus estrellas más viejas en el centro y las más jóvenes en la periferia, en esta sucede exactamente al revés. El estudio se publicará próximamente en The Astrophysical Journal.

"El centro de UGC 1382 es mucho más joven que el disco espiral que lo rodea", afirma sorprendido Mark Seibert, que ha dirigido la investigación. "Esta galaxia es vieja por fuera y joven por dentro. Es como encontrar un árbol en el que sus anillos interiores sean más jóvenes que los externos".

Seibert, junto a Lea Hagen, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, encontró esta extraña galaxia por accidente, mientras buscaba estrellas formándose en galaxias elípticas, clase a la cual pensaba que UGC 1382 también pertenecía. Pero cuando empezó a mirar con más atención las imágenes en el rango de los ultravioleta, se quedó estupefacto al encontrar una vasta extensión de estrellas que, en condiciones normales, no deberían haber estado allí.

"Vimos brazos espirales extendiéndose hacia fuera de la galaxia, algo que nadie había descubierto aún y que las galaxias elípticas no tienen" -asegura Hagen-. Y eso nos hizo tratar de averiguar qué es en realidad esta galaxia y cómo llegó a formarse".

Así que Hagen y Seibert empezaron a revisar todos los datos e imágenes disponibles en un buen número de telescopios que, en algún momento, habían enfocado a esa región del cielo. Y poco a poco fue emergiendo un modelo que podría explicar el misterio.

Rara y delicada
UGC 1382 está a 250 millones de años luz de la Tierra y ha resultado ser una de las tres mayores galaxias de disco jamás descubiertas (un disco en rotación en el que las estrellas se forman lentamente debido a la baja densidad del gas que lo forma). Pero la mayor sorpresa fue que las edades relativas de los componentes de la galaxia estaban al revés.

Los investigadores sugieren en su estudio que esto podría deberse a que UGC 1382 es, en realidad, el resultado de la fusión de dos galaxias diferentes y que evolucionaban de forma independiente antes de unirse en una sola. El resultado de la fusión fue una estructura gigantesca, aunque no demasiado estable. En palabras de Seibert, "es tan delicada que incluso el menor de los empujones de cualquier vecino podría hacer que se desintegre".

Para el científico, la única razón de que una galaxia así pueda existir es que se formó en una región tranquila del Universo, lo que la convierte en algo muy raro. Podrían existir muchas más galaxias como esta, pero hasta ahora no había aparecido ninguna, por lo que los investigadores proponen que se lleven a cabo más estudios.

"Comprendiendo esta galaxia -concluye Hagen- podremos tener nuevas pistas sobre cómo se forman las galaxias a gran escala, y descubrir muchas más sorpresas galácticas".

GRANDES ASTRÓNOMOS: HOY: JOHANNES HEVELIUS

https://es.wikipedia.org/wiki/Johannes_Hevelius

martes, 2 de agosto de 2016

Resumen de Noticias G.A.B.I.E


Posted: 01 Aug 2016 09:37 AM PDT
Antes de soñar con enviar exploradores a otras estrellas, y si se quiere averiguar si es posible que haya vida más allá de la Tierra, es necesario echar un vistazo en profundidad. Por eso, telescopios espaciales y terrestres exploran la luz de las estrellas en busca de variaciones de brillo que puedan indicar que por ahí delante ha pasado un planeta. O mejor dicho, un exoplaneta: aquellos cuerpos que orbitan estrellas lejanas, y de los que se puede estimar qué tamaño tienen, si están hechos de roca o de gas o si su estrella vecina podría haber permitido o no que hubiera agua en su superficie, y quizás por ello, vida.

Este lunes, un equipo internacional de astrónomos se ha servido de los datos obtenidos con el telescopio espacial Kepler, de la NASA, junto a varios telescopios terrestres situados en Hawaii y Chile, para detectar, de una sola tacada, 100 nuevos exoplanetas. Además de esto, sus resultados destacan por incluir el hallazgo de cuatro planetas rocosos que podrían ser similares a la Tierra y que orbitan alrededor de un «pequeño Sol».

«Estas estrellas pequeñas son tan comunes en la Vía Láctea, que podría ser que la vida ocurriera más frecuentemente alrededor de ellas. Es decir, podría ser que la vida fuera más frecuente en torno a estrellas frías y rojas que en torno a soles como el nuestro», ha dicho Ian Crossfield, investigador en la Universidad de Arizona y principal autor de un estudio publicado este lunes en «The Astrophysicial Journal Supplement Series».

Esto implicaría que esas posibles formas de vida habrían tenido una historia completamente distinta a las terrestres. Habrían sido guiadas por unas estrellas más frías y antiguas y por una luz completamente exótica.

En el caso de este estudio, los cuatro exoplanetas descubiertos parecen ser entre un 20 y un 50 por ciento mayores que la Tierra. Aunque giran alrededor de una estrella que es menos luminosa que el Sol y que tiene aproximadamente la mitad de su tamaño, resultan estar muy cerca de él, a una distancia incluso menor que la existente entre Mercurio y el Sol. Pero, gracias a las características de la estrella, parece ser que los niveles de radiación que sufren son similares a los sufridos en la Tierra.

Pero este hallazgo podría ser solo el principio. «Según nuestros análisis, al final de la misión que estamos realizando ahora podríamos duplicar o triplicar el número de planetas pequeños que conocemos y que orbitan las estrellas más brillantes», ha explicado Crossfield. Esto es interesante porque, gracias a este brillo superior, los astrónomos pueden usar la luz para obtener información mucho más precisa sobre las posibles atmósferas planetarias y sobre sus masas.

El principal responsable de este avance ha sido el telescopio espacial Kepler. A través de la misión K2, los instrumentos del aparato se han fijado en una zona del espacio poblada por enanas rojas, unas pequeñas y frías estrellas que son más abundantes en la Vía Láctea que sus hermanas parecidas al Sol.

En anteriores misiones este telescopio hizo algo así como un estudio demográfico de la «gente» que vive ahí fuera. Para ello, se fijó en un parche concreto de la bóveda celeste en busca de planetas y estrellas de todos los tipos. Pero en esta ocasión, con tan solo mirar en otra dirección se ha podido multiplicar por 20 el número de estrellas rojas conocidas.

Pero mirar hacia el cielo con el Kepler no es tan sencillo como dirigir la vista hacia las estrellas. Para identificar los planetas candidatos a existir, puesto que su presencia solo se puede deducir de forma indirecta y no comprobada de forma inequívoca, ha sido necesario obtener imágenes de alta resolución en el Observatorio Keck y en el Gran Telescopio Binocular Géminis. Luego se han cruzado estos datos con la información obtenida por espectroscopios y epectrógrafos de alta resolución. Estos permiten medir propiedades físicas de las estrellas, como su masa, radio y temperatura, y deducir las propiedades de los planetas que parecen orbitarlas. Todo para al final, ir elaborando un mapa y un censo poblacional de los planetas y estrellas que pueblan el espacio.

LA VÍA LÁCTEA: NUESTRA GALAXIA